miércoles, 20 de mayo de 2015

RECUERDOS DE LA HISTORIA: LA LEYENDA NEGRA. EL MITO DE LA SINRAZÓN.

RECUERDOS DE LA HISTORIA: LA LEYENDA NEGRA. EL MITO DE LA SINRAZÓN.



















































martes, 23 de diciembre de 2014






LA LEYENDA NEGRA. EL MITO DE LA SINRAZÓN.


LA LEYENDA
NEGRA.
EL MITO DE LA SINRAZÓN.

INTRODUCCIÓN.

Hace ya algo más de dos
siglos que España, perdió sus últimos territorios en América, en una guerra
provocada bajo el telón de fondo del interés creado por los Estados Unidos en
apropiarse de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, aunque poco tiempo antes el resto
de provincias hispanas se habían emancipado ya en una suerte de guerras de
independencia aprovechando la fatalidad de la invasión de la metrópoli sumida
en otra guerra tenaz y cruenta contra el invasor francés, y lo hicieron con un
sinfín de buenas palabras contextualizadas con algunos tratados de amistad pero
con el trasfondo político de una idealizada libertad cuyos principales
propulsores fueron unos criollos auspiciados y apoyados sobre todo por
Inglaterra cuyo plan se desarrollaba ya desde 1711, culminando así, su ansiada
finalidad. Una libertad, que sin generar soluciones verdaderamente propias y
eficaces, ayudó a que muchas provincias españolas en América sucumbieran ante
las propuestas de nuevas y voraces metrópolis como si cambiar de amo, según
dijera el ilustre cubano José Julián Martí, equivaliera a ser más libres, y
quizás, mereciera la pena analizar cada una de estas independencias para
sopesar el grado de beneficio y libertad adquirida, pero, la razón que provoca
este artículo, no es esta, si no la punta de la flecha clavada en el amor
propio, por el dolor que supone, porque aún hoy, Hispano-América sigue siendo
la hermana pequeña que se alejó antaño, pero que no conseguimos olvidar, y que
desde la distancia, nos observa con odio, considerando a España la responsable
absoluta de cualquier mala situación política, económica y cultural que puedan
padecer aún, en el día de hoy. Nos referimos, como no, a la Leyenda Negra.


Pedimos disculpas por la
extensión del presente artículo, pero es necesario explicar no ya las causas,
ni los fines, si no las fuentes y la razón desde el sentido común, y no desde
el sentimiento de rencor o fatal patriotismo exagerado que conduce al
apasionamiento desmedido y a la ciega creencia en un falso mito que no tuvo de
verdad, más que lo que su propia finalidad quiera asumir, y esa finalidad, no
es otra que cargar de cadenas no al inocente, pues la inocencia es una virtud
que España, desde luego no mereció, pero tampoco fue desmedida ni su culpa, ni
su sentencia debe ser la carga de conciencia en descarga precisa de quienes
auspiciaron precisamente el crimen que han conseguido finalmente inculpar.
Damos las gracias previas a la paciencia del lector, y esperamos, de todo
corazón, despertar el interés pero, sobre todo, alumbrar con razones feraces el
oscuro desconocimiento, o intentar apagar el fuego del profundo rencor,
argumentando en su justa medida el devenir de una época de la historia en que
la historia misma se teñía de crueldad en todos y cada uno de sus rincones.

Intentaremos apartarnos en
la medida de lo posible de manifestaciones más de pasión que de rigor, pese a
que en los idealistas en la creencia a ciegas de la Leyenda Negra, estas
manifestaciones son además de frecuentes, tristemente inevitables por la fuerte
carga ideológica que subyace a este fenómeno hostil siendo utilizado con fines
partidistas en un tiempo histórico de la América hispana cargado de culpa y dominado por
sentimientos y resentimientos de doble filo, en un terreno fértil para el
florecimiento de recelos y reservas mentales que generan a su vez, constantes
malentendidos previamente reconducidos a la finalidad de difundir un pliego de
cargos contra España que difícilmente podrá tener una respuesta común.

LAS DOS VERTIENTES

La Leyenda negra, es un
término inventado por  un funcionario del
Ministerio de Estado y académico de la Historia de nombre Julián Juderías, que en un
concurso literario celebrado en 1913 presentó un libro que sería premiado cuyo
título era en un principio “La
Leyenda negra y la verdad histórica” y que posteriormente fue
publicado con el título más abreviado de “La Leyenda negra”, que sería definida por el propio
autor como el ambiente creado por los fantásticos relatos que acerca de España
han visto la luz pública en todos los países, los descripciones grotescas que
se han hecho sobre los españoles como individuos y como pueblo, la
negación  e ignorancia sistemática de
cuanto es favorable en las diversas manifestaciones de la cultura y el arte,
las acusaciones que en todo tiempo se han lanzado contra España, fundándose
para ello con hechos exagerados, mal interpretados o si bien, falsos en su
totalidad. En la imagen siguiente, Julián Juderías, el primero que destapó
sistemáticamente las manipulaciones de la Leyenda negra.












Pero,
desde luego, en lo referente a la Leyenda
Negra Americana, no podemos olvidar a una personalidad muy importante
en cuanto a la investigación se refiere, que es Rómulo D. Carbia, un eminente
historiador argentino, autor, entre otras muchas obras, de “Historia de la Leyenda Negra
hispano-americana” en 1943, aunque si bien no es el único, y ni siquiera, el último,
ya que podemos encontrar múltiples argumentos en otros autores destacados como
Carlos Pereyra, Constantino Bayle, José Vasconcelos, Salvador de Madariaga,  Menéndez Pidal o Ricardo Levene, o incluso al
propio Edward G. Bourne de entre los historiadores estadounidenses del siglo
XIX con su Spain in América (1904), Arthur Aiton, Irving Leonard, Jhon Tate
Lanning o Lewis Hanke y el mismo Huber Herring, entre otros muchos, y por poner
algunos ejemplos. En la imagen, Rómulo D.Carbia.



En resumidas cuentas,
digamos que la
leyenda negra, podemos
dividirla en dos partes, la europea, y la americana, y que en ambas se difundió
por todo el mundo, con notable éxito, la imagen de una España ignorante,
codiciosa, cruel, fanática e inquisitorial, enemiga del progreso y además en la
parte americana,  ejercitante de la
violencia extrema contra los indígenas, en una suerte de holocausto mucho más
salvaje y destructor que el que ocasionaron los nazis en la Segunda Guerra Mundial contra
los judíos, un robo sistemático de todas sus riquezas en el saqueo más grande
de la Historia
de la Humanidad
hasta dejarlos prácticamente en la miseria más absoluta, después, además, de
haber destruido tres grandes imperios, el Inca, el Maya y el Azteca,   
 arrancándoles
de sus culturas ancestrales y milenarias y aniquilando además sus creencias y
religiones.

 Este es el paisaje que
pinta la Leyenda
negra en una especie de plato culinario previamente cocinado por quienes más
adelante vamos a ver, con demasiado sabor a tópico y mito que a la realidad más
honesta, y creo que no existe ninguna evidencia o manifestación probada que
pueda hacer cambiar esa opinión ni ahora, en el tiempo que nos ocupa, ni en el
futuro, por muchas pruebas científicas o incluso documentos históricos
incluidos los escritos por los propios pueblos nativos en sus lenguas
precolombinas, y además, tampoco ayuda mucho en esta inconmensurable tarea de
convencer, no ya de nuestra inocencia más absoluta, pues tampoco es que fuera
del todo real, si no de la verdad más simple y pura, habida cuenta de la
enfermiza costumbre nacional en auto-inculparse y criticar nuestra esencia a
veces, incluso, más allá de la lógica más exigible, y esto último es importante
recordarlo. En la siguiente imagen, grabado de algunos aportes españoles según la Leyenda negra.


Es curioso observar que en esta doble vertiente de la Leyenda Negra, que ninguna de
las fuentes en las que se basó la
Leyenda negra europea divulgada por González Montano,
Guillermo de Orange o Antonio Pérez, hicieran ni la menor alusión al caso
americano, y por la parte contraria, es decir, por los autores directamente
implicados en la difusión de la Leyenda
Negra americana como Las Casas o Benzoni omitan cualquier
comentario sobre el papel de España en el escenario europeo, sin embargo, se
hace necesario resaltar que ésta última tuvo sus puntos de divulgación
precisamente en las naciones que se consideraban enemigas de España con una
profunda y reconocida hispanofobia como en Alemania a raíz de la llamada Guerra
de Esmalcalda (1546-1547), en Francia dentro del contexto de un secular
antagonismo histórico y sobre todo, con la rivalidad colonial en el Nuevo
Mundo. En Inglaterra por los enfrentamientos entre España y la pérfida Albión
sobre todo a raíz del desastre de la Armada Invencible en 1588 y más
concretamente durante el periodo de Oliver Comwell, pero la culminación del
sentimiento anti- español que supuso un hito de la literatura inglesa
antihispánica y contraria a la Iglesia
Católica se hizo patente con la obra del ex dominico Thomas
Gage. En los Países Bajos, cabe decir que contrajeron un protagonismo
indiscutible en su consolidación de la Leyenda
Negra con el inseparable hecho de su independencia de España
haciendo referencia a la política del Duque de Alba, más concretamente a partir
de 1576, la cual fue aprovechada por la misma Inglaterra de Isabel I, sumándose
interesadamente a la causa de los Países Bajos. En Italia, ocurría exactamente
lo mismo en un paisaje de lucha sin cuartel por acaparar los derechos de
conquista o rivalidad colonial, por llamarla de alguna manera pese que debemos
confesar que nos desagrada este término, pero sobre todo, por no perdonar la
victoria imperial de Carlos I de España crucial en el conflicto entre el Sacro
Imperio Germánico y la Liga Cognac
entre 1526-1529 a
la que el papa Clemente VII dio su apoyo a Francia en un intento por alterar el
equilibrio de fuerzas en la región. En la imagen, Carlos I de España y V de
Alemania.




Por otro lado,  y regresando al sentido de autocrítica del que
antes hemos hablado, y exponiendo como dato relevantemente curioso y con la
finalidad de castigar en alguna manera las desproporciones de los
conquistadores españoles en la destrucción sistemática de las poblaciones y la
riqueza indígena,  los escritos
 en La Brevísima relación de la destrucción de las
Indias (1552), del misionero dominico Bartolomé de Las Casas, la cual, por
cierto y de forma curiosa, su primera traducción fue holandesa y apareció en
1578,  y los de Antonio Pérez, secretario
de Felipe II, más conocido con el seudónimo de Rafael Pelegrino, con su obra
Relaciones, en 1594.  Digamos que se
reprodujeron miles de ejemplares de la obra de Fray Bartolomé de las Casas con
ediciones como la que contenían las cruentas ilustraciones de Theodore de Bry.
El éxito fue enorme y, posiblemente sin quererlo, el padre Las Casas suministró
las mejores armas para las pretensiones sobre el Nuevo Mundo de franceses,
alemanes, holandeses o ingleses, curiosamente, los mismos que aprovecharon la
situación para bombardear con obras consideradas como las fuentes clásicas de la Leyenda Negra como son los
libros de Reginaldo González Montes, cuyo verdadero nombre era Reginaldo
González Montano y cuyo libro se publicó en 1567 con el título de “Exposición
de algunas mañas de la Santa Inquisición
Española, John Foxe y “El libro de los mártires en 1554, y cómo no, el de
Guillermo de Orange y su “Apología” en 1580, pero de estos autores y sus obras,
hablaremos seguidamente, pues merece la pena conocerlos. En la imagen, otra de
las ilustraciones de Theodore Bry.



LAS FUENTES DE LA LEYENDA NEGRA

Ya hemos adelantado antes
los autores, y sus obras, y no hemos querido, por el momento, separar lo que
más nos interesa, que es la parte americana de la Leyenda Negra, pero nos
referiremos a ella en lo que queda de artículo, sirviendo únicamente la
andadura paralela con la europea a modo de factor iniciático ya que fue en la Europa rival de España
donde se publicaron primeramente los escritos de Fray Bartolomé de las Casas,
alma máter, a su pesar, del mito doliente de la Leyenda Negra Americana.

Empecemos pues con saber
quiénes eran los padres de esas obras, dejando un poco aparte a Bartolomé de
las Casas para un capítulo más monográfico, y hablaremos de González Montano,
quien fue un fraile huido en 1557 del Monasterio de San Isidro del Campo de
Santiponce en Sevilla a tierras germanas, pero que previamente se había
exiliado en Londres por su identidad protestante. Su identidad real, podemos
adelantar que todavía hoy, es un misterio, pero sí sabemos que en Sevilla hubo
una comunidad protestante que sufrió una fuerte represión, y hay diversos
autores que lo identifican con el licenciado Zafra, o con Casiodoro de Reyna, o
incluso con Antonio del Cerro, fraile apóstata del mencionado convento y
ministro de un consistorio calvinista en Amberes. Su obra se publicó por primera
vez en Heidelberg, y es un verdadero cuento de terror sobre la Inquisición española
deteniéndose de forma demasiado minuciosa en los tormentos y las torturas.
Digamos que la labor interesadamente propagandística fue magnífica en todos los
casos que suscitaron las Leyenda Negra en general, este fue uno de ellos,
convirtiéndose en un Best Seller de la época, de lo que se preocupó de forma
especial el área de influencia luterana, aunque fuera aparte de los intereses
religiosos creados, no podemos decir que no le faltara razón a la hora de
expresar los medios utilizados por la Inquisición en Sevilla en la segunda mitad del
siglo XVI.

Jhon Foxe fue un exiliado
de la Inglaterra
de maría Tudor que se detiene en la rapacidad de la Inquisición y señala
como enemigo al propio Papa, siendo los españoles pintados en su libro como
víctimas de la Inquisición.
Argumentaba a su vez que los protestantes perseguidos por
María Tudor podían, al menos, presentar sus argumentos, y es conocido el dato
de que el propio Capitán Francis Drake, pirata o corsario inglés al servicio de
la corona británica, lo llevaba encima constantemente enseñándolo a los
prisioneros españoles.

Guillermo de Orange, el
líder de la revuelta de los Países Bajos, quien escribiera toda una serie de
panfletos y proclamas contra la corona de Felipe II, y cuya obra no es más que
una propaganda genial que ponía especial énfasis en aspectos que sensibilizaban
mucho a la opinión pública con todo tipo de detalles pero eludiendo ataques
políticos directos al rey, aunque sí acusaba directamente al Duque de Alba o a
Don Juan de Austria. Posteriormente hizo referencias sumarias a Las Casas y
tuvo lógicamente una gran difusión en el marco de una auténtica industria
editorial de panfletos antihispánicos que circulaban por los Países Bajos y en la Inglaterra de las
últimas décadas del siglo XVI y primeros del XVII, y hay que decir que nunca se
ha publicado la “Apología” en castellano. En la imagen, Guillermo de Orange.






















Antonio Pérez del Hierrro,
el célebre secretario de Felipe II, publicó en español en Londres en 1594 su
obra “Relaciones” con el pseudónimo de Rafael Peregrino. Es curiosa la historia
de este hombre, cuyo padre ya había sido a su vez, secretario de Carlos I.
Digamos que su obra es un alegato personal contra Felipe II y tuvo mucho más
éxito en Francia que en Inglaterra donde, sorprendentemente, era mal visto. La
razón de sus escritos se fundamentan en un tema personal, ya que fue acusado
del asesinato de Juan Escobedo, a quien había recomendado al rey para ocupar el
cargo de Secretario personal de don Juan de Austria, con el ánimo de vigilar y
espiar las acciones de este último, y cuya pretensión resultó fallida ya que se
convirtió en uno de los más fieles 
partidarios de don Juan de Austria, Gobernador de las Países Bajos,
consiguiendo que el rey aprobara los fondos para sufragar proyectos de paz muy
importantes con los Países Bajos, a lo que se oponía Antonio Pérez por tener
una serie de negocios ilícitos y apoyo a los rebeldes flamencos, siendo
descubierto por Escobedo y denunciado por traición. En la imagen, Antonio Pérez
del Hierro.



FRAY BARTOLOMÉ DE LAS CASAS

Como lo prometido es deuda,
así lo cumplimentamos, y daremos explicación sobre la vida y obra de este
personaje, padre y fuente, a su pesar, de la utilización de sus escritos para
conversión profana en gran medida en la Leyenda Negra, en su vertiente
americana.



Bartolomé de Las Casas. Su obra Brevísima relación de la
destrucción de las Indias
, publicada en 1552, llena de apasionamiento y
exageraciones, iba a servir en bandeja todo lo que necesitaban los cultivadores
de la leyenda negra. Resulta significativo que esta obra lascasiana, cuando se
reimprimió en los Países Bajos en 1620, se hizo con el siguiente título: Espejo de la tiranía española en
que se trata de los actos sangrientos, escandalosos y horribles que han
cometido los españoles en las Indias.

Fray Bartolomé de las
Casas, partió para la Isla
conocida como La Española,
con Nicolás de Ovando, en 1502 y obtuvo una “Encomienda” de indios. Una
Encomienda, era una institución por la cual un español se beneficiaba de los
trabajos de los indios, a cambio de adoctrinarlos, haciéndoles cambiar su vida
salvaje por una vida sedentaria de trabajo retribuido, y es necesario decir que
en muchos casos, el trabajo era necesariamente atroz y despiadado, como atroz y
despiadada era la forma de vida en aquella época de la que hablamos, aunque no
sea ninguna justificación válida. Ya en 1511, Las Casas oyó a los misioneros
dominicos predicar condenando las Encomienda por los abusos que, ciertamente,
algunos encomenderos cometían, pero él defendía la legitimidad de tal
institución hasta que en 1515 renunció y regresó a España para difundir sus
ideas y así, comenzar la lucha en defensa de los indios, dirigiéndose en un
principio a un agonizante Fernan do el Católico y posteriormente al Cardenal
Cisneros, quien lo nombró protector de indios en 1516.

A todo el mundo sobrepasa
la actividad y vehemencia de fray Bartolomé, pero no cabe ninguna duda de que
la exageración de las atrocidades era tan ostensible que no mereció demasiada
atención, aunque Las Casas, influyó mucho para que los frailes de más razonable
indofilia, como Vitoria, y los gobernantes de más recto sentido jurídico como
el Virrey Mendoza de México, triunfasen en la práctica, consiguiendo que Carlos
V sancionara las conocidas como “Leyes Nuevas”, de las que seguidamente
hablaremos. Las Casas sostenía que la conquista del Perú había que abandonarla,
pues los incas eran los únicos dueños legítimos del país, y el propio Carlos V
se inclinaba al abandono, hasta que Francisco de Vitoria le persuadió que si
los españoles se retiraban del Perú, la cristiandad desaparecería de allí,
dejando también la puerta abierta a que otras potencias europeas continuaran su
pretensión.


 Las Casas  redactó su obra con el objeto de defender su
actuación entre los indígenas americanos frente a los ataques vertidos por el
cronista Gonzalo Fernández de Oviedo, entre otros. Se trata de una verdadera relación de todos los males que componían el
sistema colonial implantado en las Indias, considerados por el dominico como
una manifestación de la violencia y del despojo a que eran sometidos los
originales pobladores de aquellos territorios. Imagen de Fray Bartolomé de las
Casas.





Denuncia el uso hecho por los españoles
de la encomienda, institución en la cual Las Casas no ve sino una auténtica
esclavitud de la población sometida. Aportando en algunos casos datos poco
creíbles, aunque incluidos como parte de una trama expositiva convincente, el
fraile obtuvo en noviembre de 1542 la firma regia de las denominadas Leyes Nuevas,
que trataron de reducir la explotación de los indígenas por los conquistadores
y colonos, ya hemos dejado entrever anteriormente que el interés de los
encomenderos no era precisamente acabar con la mano de obra. La Brevísima relación fue el trabajo más divulgado de Las
Casas, por ello también el más controvertido y, debido a su traducción a casi
todas las lenguas europeas, sirvió como base fundamental para el nacimiento de
lo que se dio en llamar la leyenda negra contra la Monarquía Hispánica,
en especial en lo referido a su actuación en el continente americano, pero es
necesario recordar la época en que Las Casas escribe su obra, que es
precisamente la que el llamado Apóstol de los Indios vivió durante los años más
duros de las guerras de conquista del llamado Nuevo Mundo.  En apariencia,
está claro que, a pesar de ser ésta la regla general, no
puede negarse que hubo excepciones de abusos y crueldades, y así lo hemos
admitido antes. Algunos frailes, sobre todo el dominico fray Bartolomé las
Casas, movido por el amor a los indios, protestaron de esos crímenes ante los
reyes. Y estas protestas que lo que indican es cómo los reyes tenían abierto el
camino para todo el que les ayudase a corregir cualquier abuso, ha servido para
calumniar la maravillosa obra de España en América y pintarla como un conjunto
de crueldades y durezas.


Fray
Bartolomé era indudablemente hombre de buenas intenciones, como ya hemos dicho,
 pero también era un hombre profundamente
impetuoso, y en aquel tiempo, además, un hombre de su categoría humana tenía
total libertad de denuncia y opinión, lo que ha hecho que su obra fuera la
llave de la Caja
de Pandora para las naciones rivales y 
enemigas de España. Bartolomé escribía arrebatado por un celo pasional,
está patente en la graciosa cuenta que algunos han hecho de las cifras de
indios que dicen haber sido sacrificados en diferentes regiones de América, y
que suman cantidades superiores a las de la población india existente al
descubrirse esos territorios.

 En resumen, y sin intención de juzgar de mala
forma a Fray Bartolomé, podemos significar que fue un hombre celoso en cuanto a
la caridad se refiere, y que para vigilar los desmanes y atrocidades, España ya
contaba con las autoridades fiscales que ejercían su función, prueba de ello son
las conocidas como las  “Leyes Nuevas,
que eran un conjunto legislativo que para el gobierno de aquellas tierras dio
Carlos V, con motivo de mejorar las condiciones de los indígenas en la América española,
promulgado en noviembre de 1542, que convenía, aparte de la extinción de las
encomiendas,  el cuidado de la  conservación, gobierno y buen trato de los
indios, que no hubiera causa ni motivo alguno para hacer esclavos, ni por
guerra, ni por rebeldía, ni por rescate, ni de otra manera alguna, que los esclavos
existentes fueran puestos en libertad, si no se mostraba el pleno derecho
jurídico a mantenerlos en ese estado, que se acabara la mala costumbre de hacer
que los indios sirvieran de cargadores, sin su propia voluntad y con la debida
retribución, que no fueran llevados a regiones remotas con el pretexto de la
pesca de perlas, que los oficiales reales (del virrey para abajo) no tuvieran
derecho a la encomienda de indios, lo mismo que las órdenes religiosas,
hospitales, obras comunales o cofradías, que el repartimiento dado a los
primeros conquistadores cesara totalmente a la muerte de ellos y los indios
fueran puestos bajo la
Real Corona, sin que nadie pudiera heredar su tenencia y
dominio. En la imagen, portada de las Leyes Nuevas de 1542.



















Carlos
V dispuso que Las Casas discutiera de forma pública su teoría y sus ideas
contrarias a toda acción guerrera, con el cronista regio Juan Ginés de Sepúlveda,
partidario de las conquistas, y los jueces votaron de forma unánime a favor de
Sepúlveda, y vio además cómo sus más allegados misioneros le escribían
defendiendo la Encomienda
y contradiciendo su doctrina, y en este ambiente, y con moral abandonada y
oscurecida, tras haber renunciado a su obispado, falleció en Madrid en 1566.


LA
CAÍDA
DEMOGRÁFICA O EL SUPUESTO
HOLOCAUSTO INDÍGENA


Cabe empezar, como es lógico, por el principio, es decir, por el
primero de los mitos o tópicos sobre los que se atribuye la facilidad de los
conquistadores españoles a la hora de conquistar territorios tan extensos,
merced a una supuesta superioridad técnica debido a las armas de fuego, a la
protección de las armaduras y a la abrumadora superioridad de las monturas a caballo,
medios fundamentales con los que tanto Hernán Cortés con apenas medio millar de
hombres conquistara la capital de un Imperio que contaba con 10 millones de
defensores, o Pizarro que con 170 hombres ganara la batalla de Cajamarca contra
40.000 incas, un Imperio que contaba con 16 millones de habitantes, o Jiménez
Quesada con algo menos de 700 soldados, o Pedro Valdivia con una docena de
hombres, o el mismo Cabeza de Vaca pudieran llevar adelante sus conquistas con
tan escasos medios materiales y humanos. Pues bien, resulta que todo esto es
totalmente falso, y nos referimos no ya a los medios humanos, si no a los
medios técnicos, ya que es menester tener en cuenta que el armamento disponible
durante los siglos y XVII durante los que se llevó a cabo la conquista de forma
principal, la supuesta superioridad tecnológica no era real en la medida que se
le atribuye contra la población indígena, al tiempo que las armaduras, debido
al peso de las mismas y de difícil movilidad para el medio, se consideraban más
que nada una seria desventaja que una ventaja, con lo cual se recurría a una
especie de peto o defensa protectora rellena de diferentes materiales, teniendo
en cuenta a su vez que los nativos, eran mejores conocedores del terreno y los
medios naturales, y que su número era inmensamente superior y acostumbrados a
la práctica de la guerra de forma muy regular, con lo cual, estaban
perfectamente habituados al combate
aunque una de las técnicas utilizadas por los
españoles eran los perros de guerra, también utilizadas por los romanos muchos
siglos atrás, y por otras naciones europeas.



Ciertamente, los españoles utilizaban la diplomacia, en la forma de
alianzas con una serie de tribus, enemistadas con otras, para enfrentarse a
ellas, amén de la estrategia, pero no en la
utilización de choque de la caballería para
romper, como era habitual en las batallas de la época, las formaciones
enemigas, y la razón es muy sencilla, ya que los indios luchaban de una manera
desorganizada, con lo cual, las cargas de caballería resultaban no ya
innecesarias, si no inútiles, además del dato de que no disponían del número de
caballos para este tipo de estrategia, y no existe ninguna crónica que nos de a
conocer que se utilizara este sistema nunca. Además de esto, las armas como el
arcabuz o la ballesta, tan utilizadas por los tercios españoles en otros campos
de batalla, armamento de un disparo único y recarga posterior en un tipo de
combate cerrado, como era habitual, carecían de beneficio o ventaja habida
cuenta de las circunstancias en las que se desarrollaron los combates.





 Desde luego que hubo muertes en las décadas de
enfrentamientos, guerras, luchas, alianzas y ofensivas como también las hubo en
otros sitios, y con otros protagonistas, y no cabe aquí, en este argumento,
desmentir que los españoles invadieran un territorio, pero no en descargo, hay
que decir también que si no lo hubieran hecho los españoles, la invasión la
habrían efectuado otros, y con efectos parecidos por no decir peores, ya que
todos contaban entonces con naves y conocimientos náuticos para hacerlo,
estando como estaban entonces en plena expansión marítima buscando nuevas rutas
comerciales y fue la casualidad lo que hizo que España llegara primero, o
posiblemente, la incierta fatalidad, como quieran llamarlo.

En el siglo XV, los
ingleses hicieron lo propio, también los portugueses, los belgas, los italianos
y algunos más, como los franceses, pero, las fuentes clásicas de la Leyenda Negra, como Guillermo
de Orange y los que anteriormente hemos hablado, se obstinan en obviar de forma
tajante, e incluso hoy, en nuestros días, ocurre de forma diferente, pero con
la misma finalidad, aunque esto, no esgrime ningún tipo de defensa de nada.

 Exactamente lo mismo hicieron los Incas, o los
mexicas, por ejemplo, donde los pueblos conquistados por estos eran muchos, y
los odiaban a muerte, y hoy en día, todos se sienten de corazón azteca, pero
antes, en aquella época, las cosas no eran de esa manera, ellos hicieron
exactamente lo mismo para la construcción de sus añorados imperios. Y como dato
a tener en cuenta, del que la Leyenda Negra,
desde luego, no habla, es la anécdota de Hernán Cortés a su llegada a la costa
con apenas medio millar de hombres, y unas tres o cuatro decenas de caballos, y
es que las gentes nativas, les animaban a su paso para atacar y apoderarse de
la capital del Imperio, Tenochtitlán,  y
destruir a los tan odiados mexicas, y para esto, contó con la inconmensurable
ayuda de un enorme ejército no de españoles, si no de no españoles, concretamente
por totonacas, cempoalenses y tlaxaltecas,  una realidad que seguramente, no es demasiado
conocida, y es que el Imperio Azteca fue destruido por sus propios aztecas, esa
es la realidad, y no otra, nadie les obligó a punta de lanza a nada, pero
además es que dentro de esa vorágine que alimenta la Leyenda Negra, y
como bien dijera el artista mexicano José Clemente Orozco, más parece que fue
ayer la conquista de México por Hernán Cortés y sus huestes y cuente con más
actualidad que los desaguisados de Pancho Villa.  En la imagen, Hernán Cortés.






 En el mismo sentido, hay que recordar lo que
los escritores más contemporáneos que se aferran a las fuentes clásicas
silencian también, como por ejemplo la matanza de más de diecisiete millones de
indios en América del Norte por los anglosajones en un intento de limpieza
étnica y cultural sin precedentes, diecisiete millones, una cifra admitida por
los gobiernos, y exactamente igual pasó en Australia con la población aborigen,
y son cifras reconocidas y admitidas de forma documentada, no así  el supuesto holocausto del que se habla en la Leyenda Negra española, donde
no se encontrará ningún tipo de documento que indique ni por asomo, la
imperiosa necesidad de exterminio étnico indígena para efectuar una limpieza
del mismo tipo, ninguno, por mucho que se quiera buscar, y en la lengua u
origen que se pretenda, a no ser los escandalosos relatos provinentes de las fuentes
de la Leyenda
negra, a los que escritores más contemporáneos, han venido a dar rienda suelta
a una fértil e intoxicadora imaginación en la forma y manera más
desproporcionada posible, y como norma, las ilustraciones de Theodore Bry, Johann Theodorus de Bry, o Theodoricus, Theodorus o Thierry de Bry  como telón
de fondo, un hombre, cuyo origen, no hay más que verlo e investigarlo, y así es
el resultado de su obra, pero no nos vamos a entretener en divulgar aquí, y
mucho menos, hablar de Theodore Bry para darle una popularidad que no
merece,  y que sea el lector quien lo
averigüe si así lo desea.


También es necesario hacer memoria de otro dato
que tanto los clásicos de la Leyenda Negra,
como los contemporáneos, así como la enseñanza de la historia en Latino-América
fuera aparte de la conquista ya mencionada de Tenochtitlán, y es que en el
mismo Imperio Azteca, cada año, se tenía por rito o costumbre el sacrificio de
miles de personas pertenecientes a las tribus vasallas o esclavos que eran
criados y mantenidos de forma específica para tal finalidad,
 existe, para quien quiera informarse
mejor,  abundante evidencia arqueológica
e histórica que da cuenta de todo esto, e incluso, en ocasiones, se comían el
cuerpo del sacrificado durante un rito religioso. Lo mismo ocurría con los
prisioneros de guerra, que en la ceremonia, una vez terminado el ritual y una
vez decapitado, su cuerpo era preparado y comido por el guerrero que lo había
apresado y su familia, con una gran ceremonia.

El Códice Cospi muestra más pruebas de ello,
aparte de las evidencias de las que se hablan, o el propio códice
 Yoalli Ehécatl, es necesario, pues,   retrotraerse a la época en que sucedieron los hechos
para tratar de comprender realmente lo sucedido y sus causas, y también se hace
necesario argumentar que uno de los hechos que mas horrorizó a los
conquistadores españoles, fueron las tremendas carnicerías que practicaban los
caciques locales con prisioneros o incluso con su propio pueblo. Los
sacrificios humanos en honor de los dioses se contaban por miles, incluso
ciertas prácticas de canibalismo eran comunes en muchos de los pueblos
conquistados. Cuando los españoles llegaron al nuevo mundo, ciertamente no
llevaron la libertad, pero tampoco la destruyeron. La zona estaba dominada por
Caciques tan sanguinarios o mas si cabe que los propios colonizadores. El
estigma se encarna en que el genocidio en América lo hicieron los españoles y
no los británicos, cuando la población amerindia está prácticamente exterminada
en los EEUU de América, mientras que en América Latina la gran mayoría de la
población o es mestiza o puramente indígena. Imagen del Códice Cospi.























Es imperativo dar la
necesaria claridad a este dato, ya que existen determinados factores para
explicar el proceso que nos ocupa. Desde hace mucho tiempo, una gran cantidad
de libros escritos por  novelistas e
historiadores muy influenciados de forma interesada en la Leyenda Negra que aseguran que
el despoblamiento sufrido en la zona se debió principalmente al trato que los
indígenas sufrían por la búsqueda de oro y otras riquezas y al negocio de
esclavos. No podemos esconder una profunda indignación al conocer semejantes
acusaciones fundamentadas única y exclusivamente por el afán no ya de
protagonismo ante una sociedad predispuesta al ensañamiento y culpabilidad
hacia los españoles en este sentido, más preocupada por creer a ciegas que por
saber e investigar la realidad, fruto de una tribuna de oradores que hacen de
la retórica y la demagogia el único argumento de su discurso, e incluso autores
más contemporáneos y afines a la Leyenda
Negra, dan datos de forma gratuita y estiman la pérdida de
población en América en los primeros 150 años oscila en el 95%, más
concretamente,
el historiador peruano Villanueva Sotomayor sostiene que la zona del
imperio inca tenia 15 millones de habitantes a la llegada de los españoles, y
que su población era de seiscientos mil en 1620, lo que supone un descenso del
96%. Por el contrario, y como dato relevante, 
los profesores Cook y Borah, de quienes hablaremos seguidamente, afirman
que la población en México disminuyó menos del 3
%.

 El historiador británico, Henry Kamen,
seguidor de la  Leyenda negra, analiza, en
su obra, la debacle demográfica de la América Española  
considerando
que la crueldad de los españoles fue indudable, pero señalando aún así
que para los españoles, el exterminio de los nativos no era el fin
buscado, pues no les convenía, pero, ¿cuál era la razón?, pues muy
sencilla, y es que los indígenas, eran considerados españoles de
derecho, y, por lo tanto, tenían que pagar sus impuestos a la Corona, y
al carecer de dinero, lo hacían con trabajo, durante determinado tiempo
al año, ¿a quién le interesaba desprenderse de mano de obra
gratuita?...tal crueldad,  no pudo ser la causa de la catástrofe
demográfica que asoló la población nativa, dada la escasez de población
española en la zona, y existen estudios científicos que demuestran que
la verdadera razón, no es otra que las enfermedades que los europeos
llevaron consigo al Continente, tales como la  tuberculosis, gripe,
tifus, escarlatina, la peste, la viruela…enfermedades para las que los
indígenas no tenían defensas en sus cuerpos, y así lo demuestran varios
estudios llevados a cabo por determinadas Universidades americanas en
enterramientos masivos pertenecientes a indígenas jóvenes y en
apariencia bien alimentados sin mostrar evidencia de maltrato corporal
de ningún tipo, y así también, por su parte, Jared Diamond, en su obra,
estima el impacto de las enfermedades introducidas por los europeos en
un 95% de la población indígena, autor sobre todo conocido sobre todo
por su libro ganador del premio Pulitzer “Armas, gérmenes y acero, pero
para quien quiera saber mas sobre la verdad, existen infinidad de
autores que así lo demuestran, y que añadidos aquí, alargarían en
consecuencias tediosas el artículo, por lo que nuestra pretensión es
despertar el interés del lector, y no el aburrimiento tedioso, en otro
sentido, escribiríamos un libro, y no un mero artículo informativo,
pedimos disculpas en este sentido.

 Nos detenemos por un
instante a modo de ejemplo en el interés de una de estas enfermedades, como la
sífilis, y que incluso el historiador e hispanista
británico Hugh Thomas, autor, entre otros muchos libros, del famoso The Spanish
Civil War, en varias ocasiones se ha referido al del declive demográfico de la
población indígena en el Caribe, como consecuencia del contacto de aquellas
gentes con las enfermedades de los europeos, especialmente la sífilis, o la
viruela,  que causó estragos, más que las
matanzas y los combates. La sífilis, concretamente,  tenía el estigma de ser la peor venérea
conocida y aún se desconoce su origen exacto inicial. A fines del siglo XV y
principios del siglo XVI tuvo lugar en Europa un gran incremento de casos de
sífilis coincidente con cambios en las costumbres sexuales, incremento de los viajes
marítimos y el descubrimiento del Nuevo Mundo. Se ha podido demostrar, sin
embargo, que gracias a las novedosas técnicas de ADN en restos óseos
encontrados que datan de la
América precolombina que la sífilis ya existía en el llamado
Nuevo Mundo, y pongamos por ejemplo los últimos estudios realizados en la Isla de Pascua,  pero es un dato que no figura en los libros de
historia en muchos colegios y Universidades de Hispano-América, donde se les
enseña que los españoles habíamos llevado capas y mantos infectados de virus y
gérmenes con enfermedades para acabar de forma masiva con la vida de la
población indígena, conocedores, cómo no, de lo que era un virus, una bacteria
o un germen en aquella época. Esto último lo digo con cierta ironía, claro
está, supongo que será sencillo de entender, pero puestos a desmentir, también
se hace necesario acogernos a lo que especifica Alfred Crosby, en su libro  The Early History of Syphilis: A Reappraisal.
American Anthropologist, Vol 71 (1969), y su relación con esta enfermedad, para
demostrar y desmentir mitos.

 Sin duda
alguna, quien trajo más mortandad que ninguna otra, fue la viruela. Para
visualizar mejor  este punto oscuro,
podemos consultar a Tzvetan Todorov, en “La conquista de América. La cuestión
del otro” en 1987, pese al  manejo
demasiado aventurado de cifras, los argumentos son bastante sensatos, pero,
insistimos en que la Viruela,
sin duda, fue el causante de la gran tragedia de la que hablamos
, la más terrible de todas, a ella nos referiremos
después, pero antes permítasenos insistir y desmentir que los españoles, de
ninguna de las maneras llevaron ningún tipo de infección como la peste negra,
que tras siglos de haberla padecido en Europa, no tenían ni el conocimiento de
su propagación, ni la intención de llevarla a bordo de sus barcos con el
consiguiente peligro para ellos mismos, con la absurda finalidad de exterminar,
casi resulta absurdo pensar por un solo instante en semejante barbaridad
popularizada en Hispanoamérica de la forma más burda posible.



Otro de los datos curiosos,
es que las estimaciones sobre la desestructuración y el alarmante descenso de
población en más de un 90% son estimaciones del estadounidense
Sherburne Friend Cook, quien   fue un fisiólogo de profesión que trabajó como
profesor y presidente del departamento de fisiología en la Universidad de California en Berkeley Los resultados de sus trabajos a menudo
han ofrecido cifras más elevadas para las poblaciones precolombinas que las estimadas por otros
especialistas con anterioridad, razón por la que su obra no ha escapado a la
crítica y a la controversia y así lo desmintió William Michael Mathes en 2005, y otro que ha seguido la misma línea que
Kooc, es Woodrow Borah, colega, amigo y colaborador de Kooc, y compañero en la
misma Universidad, procedentes de la llamada en términos peyorativos  escuela de Berkeley de demografía histórica,
acusada literalmente de, y perdón por el término, “inventar indios”, entre
cuyos directos colaboradores en la representación podemos encontrar a ilustres
personajes como George Foster, James Parsons, John Rowe, Dobyns, Carl Sauer y
Lesley Simpson entre otros de la misma escuela. 
Debe haber pocos historiadores de América Latina y menos aún de
México que no están familiarizados con la obra de Woodrow Borah y de Sherbune
F. Kooc, sin embrago, contrariamente, no encontraremos muchos que sigan las
opiniones de  Rosenblat, por poner un
solo ejemplo.

Pero
la verdadera raíz del problema, es la ausencia de fuentes escritas para ese
periodo, y  las extrapolaciones poco
serias e incursiones apasionadas de profanos en la materia que han recurrido a
proyecciones retrospectivas a partir de fuentes más tardías con lo que
podríamos llamar,  inevitables
desviaciones, en contra de otras disciplinas más serias como la arqueología, la
etnología o incluso la propia ecología. Los estudios exagerados de población,
provienen de una filiación conveniente y convenida a una ideología adoptada a
favor de intereses creados no en esclarecer, si no en oscurecer más si cabe, la Leyenda Negra, desviando así la
atención de problemas más particulares. Otro ejemplo a tener en cuenta en este
mismo sentido de cobertura intelectual hacia la Leyenda Negra es Leslie Michael
Bethell, historiador, por cierto, inglés, 
pese a que la mayor parte de su obra está dedicada al estudio de la Historia de Brasil, y sus
trabajos han sido criticados por su falta de cobertura de ciertos temas o la
falta de inclusión de algunos debates historiográficos, y cuyos volúmenes han
sido a su vez criticados por considerarlos como de difícil manejo debido a la
gran cantidad de autores que los componen y una visión más partidista que
investigadora, con argumentos basados más en la desmesura que en la realidad
historiográfica.



Estudios
más serios y mejor contrastados, nos dicen la verdad, y no es otra que
ciertamente a raíz del descubrimiento y colonización del Nuevo Mundo, una
variedad de epidemias de enfermedades desconocidas para los indígenas comenzó a
llegarles por oleadas y a causar miles de víctimas entre los mismos, siendo la
viruela la más terrible de todas, como ya hemos adelantado antes. Si las plagas
que los europeos llevaron a América y Filipinas no bastaron para justificar el
enorme descenso demográfico de una población que, además, se vio azotada por un
trato inhumano, que ciertamente lo hubo, teniendo en cuenta las atrocidades de
la guerra por parte de los conquistadores hispanos, pero también hay que
recordar que los conquistadores hispanos iban acompañados por indígenas, es
decir que no iban solos, y las atrocidades se hicieron a su vez por ambos
bandos, desde luego no en igual medida, 
y no resulta menos cierto que los modernos estudios van abundando en las
tesis de que graves enfermedades, como la viruela , acabaron con más de la
mitad de los indios de México en el año 1520, tal y como señala el
profesor  Francisco Guerra en su libro Epidemiología
americana y filipina. 1492-1898,  una  enfermedad que mataba a más de 400.000
personas al año en Europa todavía durante el siglo XVIII, y cabría, para quien
pueda acuñar curiosidad, interesarse por la aventura americana del doctor
Balmis y Berenguer, con su famosa expedición. Por cierto, es precisamente en
México donde los autores más afines a la Leyenda Negra censan el menor
descenso de población, y curiosamente tanto Cook como Borah, como ya hemos
comentado anteriormente, y quienes afirman, gratuitamente además, que de los
100 millones de habitantes existentes en 1492, se pasó a 4,5 millones a
mediados del siglo XVIII, Rosenblat significa que de 12 millones descendió a 10
en ese mismo periodo de tiempo. En la imagen siguiente, Francisco Javier de
Balmis y Berenguer.





Otro
dato a tener muy en cuenta, y que acostumbramos a pasar muy por alto, es la
figura del conquistador, obviando que en realidad, es hijo de su época y que
aquellos tiempos, dejaron tales hombres, sin que por ello, pretendamos
justificar de ninguna manera sus actos, si no más bien entender su actuación,
de la misma forma que puede resultar casi imposible explicar el comportamiento
indígena en cuanto a sus costumbres se refiere sin precisar un estudio de los
fundamentos de su civilización, por lo que podemos resumir que lo que realmente
produjo la conquista, fue el choque de dos visiones diferentes del mundo con
unos sistemas de valores antagónicos, y no debemos olvidar que en sí, los
conquistadores quedaron impresionados por los avances culturales indígenas en
cuanto a su cultura, su organización estatal o su ejército se refiere, pero el
sentimiento dominante fue más bien el horror ante ciertas prácticas y en
especial, la antropofagia y la sodomía que eran castigadas con penas tales como
que los autores fuesen devorados por los perros, escenas que Las Casas pudo
describir, y escenas como el enorme trabajo que suponía extraer las riquezas de
las entrañas de la tierra o del propio mar, con la consiguiente pérdida de
vidas, desde luego, pero de ahí, a valorar todo esto con un holocausto
provocado por la vorágine de la ansiedad a la destrucción u la muerte, hay toda
una distancia que muchos, se empecinan en salvar de un simple salto.


LAS
CONSECUENCIAS

Entre
el descubrimiento colombino y la sumisión de los Incas por Pizarro, que marcó
el fin de las grandes conquistas, transcurrió menos de medio siglo en una de
las más extraordinarias epopeyas de la historia de la Humanidad, con un número
increíblemente corto de españoles ya que la expedición de Cortés contaba con
416 hombres y sólo 170 siguieron a Pizarro en su avance hasta Cajamarca, en un
hito marcado por la enorme capacidad personal de aquellos hombres con una
superioridad moral que hizo posible tal milagro, que hizo posible que aquélla
época se caracterizara por una triple unidad humana de comunicación, economía y
relación cultural y que, aunque resultado de una larga maduración, se convirtió
en la más expresiva manifestación de vitalidad humana y creadora de sus
protagonistas, en una experiencia en la cual, se configuraron los sistemas de
ideas y se argumentaron opiniones iniciándose así una polémica de implicaciones
ética y teológicas además de políticas, se fundaron ciudades, se organizaron
cabildos, se crearon gobernaciones y se dio comienzo a una producción económica
y al estudio cultural hasta los más altos niveles universitarios, como veremos.

Como
decía el historiador e hispanista estadounidense Lewis Hanke, uno de los
mayores expertos sobre Hispanoamérica: “Ninguna nación europea se
responsabilizó de su deber cristiano hacia los pueblos nativos tan seriamente
como lo hizo España”, y es que ciertamente no solo cuidamos más que ningún otro
país nuestra relación con aquellos nuevos españoles, a veces con sus más, y
otras con sus menos,  sino que el
nacimiento del Imperio Español en América supuso, de facto, en inicio de uno de
los periodos más prósperos de la historia universal, en un  periodo de la historia en el cual la ciudad
de México llegó a convertirse en la urbe más grande y rica del
planeta, o en el que cuando llegaron las independencias, España había creado un
legado que convertía a Hispanoamérica en la región más próspera del planeta,
con un nivel de vida y una economía incluso superiores a las de la Europa de entonces y con
unas ciudades (como Lima, Santa Fe de Bogotá o México), mucho más
importantes que Londres, París o la Roma de aquel momento…Y fuimos quizá tan
respetuosos y precavidos, que podemos afirmar que los problemas reales de las
independencias americanas no fueron causados por España, sino por los trágicos
y mal llamados “libertadores”, que en nombre de una falsa igualdad arrebataron
a los indios sus derechos y sus tierras comunales, amparadas por las leyes y
los derechos que los españoles habíamos decretado siglos antes, esta es la
triste realidad, y no otra, prueba de ello es la historia misma de cada una de
esas naciones, para quien quiera aprenderla, o se moleste en indagar.

Nuestra
labor en América no tuvo absolutamente nada que ver con genocidios o
esclavitudes, y sin embargo sí mucho que ver con el florecimiento en América de
una nueva cultura que venía a cambiar para mejor la que nos encontramos al
llegar. Se descubrieron sociedades y culturas con un atraso considerable y de
forma general inconexas entre sí,  que en
su práctica totalidad practicaban el canibalismo y
los sacrificios humanos, y a las cuales situamos a la cabeza del mundo en
pocos siglos. Y es España la responsable de haber trasladado a América
el urbanismo, el derecho, las economías estructuradas, la agricultura, las
universidades, las catedrales, las técnicas arquitectónicas, la influencia del
Renacimiento, la imprenta, la rueda, la escritura, la música, entre otras
infinitas cosas, que no cabría enumerar aquí, y que incluso hasta día de hoy,
forman parte fundamental en las economías de la América española. Se
fundaron 23 universidades en que daban educación a casi 200.000
alumnos de todas las clases sociales y razas (Portugal no fundó
ninguna en Brasil durante su periodo colonial, y desconozco si Leslie
Bethell lo fundamenta así,  mientras que
la Inglaterra colonial de entonces, por ejemplo, hasta ese momento se
había preocupado más bien poco por educar a sus indígenas), y a través de la
península, se hacía llegar a América todas las corrientes intelectuales y las
artes que la metrópoli acumulaba.


El mismo Colón,  en el primer viaje, trajo unos indios que
fueron bautizados con gran pompa y los mismos reyes hicieron de padrinos. Es
pueril presentar esta mezcla de razas como mero producto de la mayor
sensualidad de los españoles que admitían por eso el trato con las mujeres
indígenas que otros pueblos más exquisitos rechazan. Sin negar esto en
absoluto, lo cierto es que la mezcla de razas es hija de un concepto ideológico
y un criterio particular  de ver la vida,
que consideraba como seres humanos iguales a los pobladores de las tierras
descubiertas, pese a que se llevaran a cabo desmanes que de todas las formas
posibles se intentaran castigar.































El emperador Carlos V recibió en su Corte con rango de princesas a
las hijas de Moctezuma, enviadas por Hernán Cortés y negoció sus matrimonios
con caballeros principales de la
Corte que en ello se sintieron muy honradas. Todavía el
ducado de Moctezuma ilustra los linajes españoles, que en la actualidad se
llama ducado de Moctezuma de Tultengo en referencia al pueblo de Tultengo,
en el estado de Hidalgo (México)     

  El resultado de esta política fue que los
países que España conquistó en América, son hoy pueblos civilizados, con una
religión cristiana y de forma de vida europea. Las razas se han unido
estrechamente en ellos, dando a los “mestizos” y “mulatos”, que son producto de
la mezcla de españoles con indios y negros, ¿qué mestizaje han fomentado los
impulsores de la Leyenda Negra?.
En América del Norte, los “pieles rojas” o indios del país, fueron aniquilados
casi por completo. Hasta no hace mucho en Nueva York los blancos y los negros viajaban
en sitios separados en los tranvías, y en la India oriental, los naturales del país siguen
casi tan salvajes como hace siglos, sin civilizarse ni mezclarse con los
conquistadores. Muchos pueblos han conquistado y dominado tierras, España se ha
limitado a civilizar el  Mundo, ya que la
colonización fue más que todo, una empresa de Estado, no olvidemos que en
cuanto los españoles llegaban a tierra nueva, al tomar posesión de ella,
cuidaban de recordar esto solemnemente: que se ocupaba en nombre del rey, por
autorización del papa y para esos fines altísimos. Esto se proclama en alta voz
y en presencia de un notario. Parece un poco cándida toda esta ceremonia en
medio de la soledad de los campos. Pero ella revela que había un programa y un
pensamiento de conjunto que daba orden y unidad a toda aquella obra gigantesca
de dominación.


Ni Inglaterra,
ni Francia, ni Holanda ni nadie,  colonizaron de este modo. La colonización era
para ellos un negocio que concedían a una compañía. Una vez concedido, el
Estado no tenía nada que ver en el asunto, y la compañía, naturalmente, lo que
procuraba era sacar el mejor partido posible de la explotación que le habían
concedido. Es de sobra conocido que
España,
que en el siglo XVI era la más poderosa de la tierra, y cuyo sitio, por
ello, aspiraban a ocupar, y finalmente ocuparon otras metrópolis, entonces
incipientes, confabuladas todas contra España, fueron las burguesías de esas
metrópolis las que crearon la especie de la Leyenda Negra
antiespañola, naturalmente que no en beneficio de los pueblos martirizados, a
los que ellas mismas someterían a martirio no menos cruel, sino en beneficio de
sus rapaces intereses, unos intereses que pasaban por la esclavitud encubierta
de los obreros asalariados en Europa, y que exigía como pedestal, la esclavitud
en el Nuevo Mundo, esos eran los intereses comerciales de esas metrópolis  La Leyenda
Negra fue, pues, una hábil arma ideológica en la lucha
intermetropolitana que acompaña al capitalismo y abarca varias centurias,
aunque a finales del siglo XVII estaba ya prácticamente decidida en
favor de nuevas metrópolis (Holanda, Francia, Inglaterra, grandes autoras de la
leyenda Negra). De hecho, los ingleses declararon que Australia era terra
nullius–es decir, sin habitantes humanos–y así justificaron el despojo de las
tierras indígenas y el saqueo del continente. Arrebataron las tierras fértiles
y arrojaron a los aborígenes a las zonas áridas del interior.





Debemos
recordar que  en España
había toda una red de instituciones que unían en todo momento con el Estado la
obra colonizadora, y mantenía vivo en ella el sentido de responsabilidad. Primeramente
en  Sevilla y posteriormente en Cádiz
funcionaba la Casa de
Contratación
 para lo
mercantil, y para lo político y administrativo el Consejo de Indias con su sala de gobierno y su sala de
justicia. Para que los gobernadores y demás funcionarios no abusaran de su
poder, los reyes mandaban continuamente a América inspectores que los vigilaban
y que escuchaban a todos los que tenían alguna queja o reclamación que hacer, y
al volver a España se les sometía al juicio de residencia: escrupuloso examen
de su conducta que daba a menudo ocasión a ejemplares castigos, aunque si bien
es cierto que en ocasiones escapaban de la Ley, pero toda esta burocracia  dio lugar a una organización cuya base
popular fueron los “cabildos”, institución municipal, tan nutrida de sustancia
democrática, que en su día constituirían la base de los movimientos
emancipadores. “España sembró cabildos y recogió naciones”, ha dejó dicho el
ilustre peruano don Víctor A. Belaúnde.

En las grandes
y no tan grandes ciudades de la
América española, podemos ver todo tipo de construcciones de
la llamada época colonial, existen una multitud inagotable de estos
ejemplos,  y podemos observar que estas
construcciones, a diferencia de otros imperios sin arte y en muchas ocasiones
sin utilidad de ningún tipo,  están
repletas de lo mejor del momento en cuanto al arte y a la arquitectura se
refiere, intentando por todos los medios posibles de tratar a aquellas tierras
igual que a la metrópoli, y no cabe obviar la razón, y es que España se sentía
madre, o por lo menos, así lo intentó hasta sus últimas consecuencias, con
mayor acierto en unas ocasiones, y menos en otras, no se debe obviar a su vez
que una parte muy considerable de la cultura hispano-americana proviene de
fuente española, sin borrar de un simple plumazo la cultura propia, desde
luego, pero mucho más allá de la cultura y la lengua, a los hispanoamericanos
les gusta interpretar en muchos casos en su relación con los españoles, que no
descienden de los que quedaron, si no de los que fueron, y cuyos hijos dejaron
de ser españoles para hacerse primero criollos y posteriormente, mezclados con
otras etnias, latinoamericanos, con más o menos fortuna con la vista puesta a
día de hoy.

Releyendo este,
quizás, alborotado artículo, no es bueno pasar por alto la acusación, o una de
tantas, que se hace a los españoles de haber acabado con los grandes imperios
maya, inca y azteca, destruyendo sus culturas milenarias y sus religiones, como
hemos esbozado al principio. Ya hemos argumentado lo que consideramos razonable
y no desmesurado, pero es que además, hay otra cuestión, y es que el Imperio
Maya, ya no existía cuando llegaron los españoles, con lo cual, es rotundamente
falso que los destruyeran como así se dice y se enseña en los colegios que
favorecen la enseñanza de la Leyenda Negra,
sólo quedaban ciudades o pequeñas poblaciones dispersas en torno a sus templos,
no así con los otros dos imperios, pero, como también hemos dicho ya, no era
más que cuestión de tiempo que fueran invadidos si no por los españoles, por
otros, y con las consecuencias que ya hemos argumentado a su vez, ya que así lo
hicieron donde sentaron sus bases civilizadas, con la diferencia de que a día
de hoy, son adorados por sus colonizados, y España, es aborrecida en
Hispanoamérica, así de cruel, y así de simple.

EL
MAYOR SAQUEO DE LA HISTORIA DE
LA HUMANIDAD

Podríamos
comparar el expolio de la conquista americana por parte de España, con el
efectuado en África con unas fronteras trazadas a regla y cartabón, o con el
Haití con sus árboles convertidos en bates de béisbol americanos, o con los
yacimientos petrolíferos explotados por la conocidas multinacionales dueñas y
señoras de las industrias en Hispanoamérica, y que tanta riqueza se supone que
generan, aunque la pregunta sería a quién.

Desde
luego que si, los españoles se llevaron todo el oro que pudieron cargar en sus
barcos, y desde luego que murió mucha gente en la explotación de los recursos,
esto está fuera de toda duda, pero en ningún modo en la forma y manera que la Leyenda Negra atribuye, ni
mucho menos, y la lógica es una ciencia aplastante, ya que, como hemos dicho, y
volvemos a reiterar, el supuesto o real saqueo, se hacía a mano, esa era la
tecnología de la época, y  España,
incluso hasta hoy, es acusada injustamente de la pobreza de Hispanoamérica.
Este último punto llama poderosamente la atención, si tenemos en cuenta una
serie de datos, ya que resulta que a los países latinoamericanos es
imperdonable que se les considere pobres por una razón, y es que su riqueza en
materias primas es muy superior no ya a la española, si no a la de muchos
países europeos y no europeos, incluidos los grandes productores de petróleo
americano, y este dato, es importante si tenemos en cuenta a la riqueza de las
naciones árabes productoras de petróleo y a la calidad de vida de sus
ciudadanos y al prestigio tecnológico de sus ciudades y de sus empresas
comparándolo con las naciones latinoamericanas y sus carencias sobre todo,
hasta en artículos de primera necesidad, y ya no nos referimos sólo a la
explotación petrolífera, si no a la inmensa riqueza de sus materias primas y
con unos medios tecnológicos muy superiores a la época de las conquistas de
unos territorios que hace más de dos siglos que dejaron de ser españoles, y
caminaron por la senda de su propia y libre voluntad, con lo cual, las
posibilidades de que España saqueara todo el oro y plata con los medios
técnicos de la época, son simplemente absurdas, 
¿cuál es la verdadera razón de la inducida pobreza en Hispanoamérica?,
cabría, pues, preguntar a quien tenga la potestad de responder.

Por
otro lado, otro de los datos a tener en cuenta, es que España, por aquel
entonces, tenía unos nueve millones de habitantes que ciertamente no
disfrutaron absolutamente nada de esas riquezas que tanta sangre, sudor y
lágrimas causaron y que fueron a parar al pago de guerras de religión, junto
con la inmensa cantidad de impuestos que los empobrecidos españoles pagaban,
esa es la realidad, y quienes sí se aprovecharon de esas riquezas, son
precisamente los generadores del mito de la Leyenda Negra…triste
controversia del destino gracias al mal gobierno de una corona obcecada.




CONCLUSIONES

La
oportunidad que nos brinda la idea de darle publicidad a este artículo, cúmulo
de opiniones ya citadas en otros autores y de ideas y estudios que han llevado
no poco tiempo, podemos llegar a tocar el pecado con la opinión de que la
obstinada idea en mantener viva la Leyenda
Negra sea fruto probablemente de un cierto complejo de
inferioridad y de un mal disimulado resentimiento de una sociedad criolla y
mestiza hacia España cuyo verdadero estigma es eludir su propia responsabilidad
en el grado de postración que se puede dar en la población indígena, cuando no
el retraso, o falta de adelanto o sentido y sensación de falta de una libertad
antaño soñada por sus mal llamados libertadores cuya realidad no pasa de la
libertad que en forma real se puede ver hoy en las calles de Caracas, México
capital, Bogotá, Guayaquil u otras tantas importantes ciudades de
Hispanoamérica, todos los días nos dan noticias en los medios de esa libertad
con sucesos que colman el delirio, pero seguramente hasta eso es culpa de
España, en la misma manera que a la pobreza latinoamericana se le pueda
atribuir. Dicho esto, se puede llegar a concluir que la creencia ciega en la Leyenda Negra, con todo lo que
esta puede suponer, evidencie a su vez la pasión desmedida en nacionalismos
exacerbados más preocupados en desmantelar evidencias históricas colmando de
adornos desmedidos hechos y circunstancias que, sin duda, pudieron ocurrir, que
en la búsqueda de un razonamiento más aproximado a la realidad de los tiempos
en que se desarrollaron y que, queramos o no, siguen vivos hoy.

La
demagogia idealizada, la parafernalia de la mentira sistemática en la
enseñanza, la retórica con el pretexto de libertad adquirida con la lucha, el
argumento de la falta de avance hacia una sociedad más justa y menos pobre
debido a los despojos de una proscrita Madre Patria hostil, convierten el 12 de
octubre en Hispanoamérica en el día de la resistencia al colonialismo y al
holocausto como si cambiar de amo, según advirtiera Martí, equivaliera a ser
más libres, y así lo advertimos al principio, en una libertad soñada por
Bolívar desconcertado en su lecho de muerte, o la misma libertad que soñó
Miranda al ser traicionado, o esa misma que permitió a San martín marcharse a
Europa, por no citar más ejemplos dolientes, ni hacer más doliente un estigma
que resultaría contrario a nuestra pretensión.

En
un clima de emular la cultura indígena no ya sólo en el campo artístico que
resulta evidente en cuanto a la celebración de sus fiestas en el folklore y en
la música, en la indumentaria y en el habla, en las costumbres y en la cocina,
recordamos en la literatura a Gómez Suárez de Figueroa, apodado Inca
Garcilaso de la Vega
o a sor Juana Inés de la Cruz
en un  intento por dar ejemplo de la
verdadera intención de España pese a la injusta realidad de las guerras. La
cultura indígena no fue anulada en ningún momento por la colonización española,
y solamente desde una postura apasionada y de un rigor histórico dudoso si no
mal intencionado es admisible sostener que la aportación cultural de España fue
violar, asesinar e invadir.

Negar
el esfuerzo y el interés de la corona española por examinar los métodos de
conquista y trato al indio que otorga una carácter singular sobre otras
colonizaciones, es negar la evidencia en un claro intento por desmerecer lo que
tuvo de positivo más que de negativo el acontecimiento que nos ocupa, pese a
que no es menos cierto admitir que el mismo esfuerzo e interés se podría haber mantenido
en renegar de guerras inciertas de religión, o como quiera llamárseles, y dar
un mayor empuje a otros criterios de prosperidad social.

Ninguna
conquista, incluidas las de las propias civilizaciones precolombinas, se ha
hecho sin guerras y sin sufrimientos, y la conquista de América Latina, se
llevó a cabo con la colaboración necesaria de la propia población indígena
aliada de los españoles, ya que de otra manera, hubiera resultado imposible. No
se contó con la realidad de otra invasión invisible, pero mortal de necesidad,
como son las enfermedades, y hay que tener en consideración que de los mismos
que marcharon al Nuevo Continente, (aunque realmente no era tan nuevo ya que ya
estaba allí cuando los españoles llegaron) sean tildados de genocidas, quedan
muchos pobladores descendientes de aquellos para recordar lo mal que se
hicieron las cosas y gritarlo a los cuatro vientos en un idioma que todos
entendemos a la perfección, haciendo caso omiso a las cosas que nos puedan unir
y desarrollar mejor, en un continente donde la multitud de apellidos que llevan
sus pobladores, suenan, casualmente, igual que en la cruel España, habida
cuenta del supuesto holocausto genocida de la población, y el austero mestizaje
que cuelga como un sambenito en el orgullo nacional.


En
ocasiones, patalear en un mundo hostil, donde el absurdo se tiñe con el color
de la ignorancia promovida, hace necesario recapacitar de forma objetiva, y
apartar de un manotazo la mítica leyenda cuyo opaco color no nos deja ver más
allá de nuestras narices la claridad real de la intención y el sentido común
nos permite aferrarnos a la  evangélica
frase de que la verdad nos hará libres. Cabría pues preguntarse el precio de
esa verdad, o la incierta magnitud de la pretendida libertad, en una sociedad
donde la inducida involución se obceca en no dejarnos aprender de nuestros
errores, cargando de cadenas la conciencia ajena, liberando así  nuestra 
culpa de una justa realidad.

España,
en ningún momento abrigó la perversa intención de esquilmar a la población
indígena durante la conquista, por supuesto, dueña natural de las tierras de
América, ni de considerar en ningún momento a esas tierras como una especie de
factoría cuyo usufructo perteneciera a un solo señor. Se utilizó el patrimonio
americano con mayor o menor acierto, pero también se invirtió en el mismo todo
lo que humanamente se pudo invertir, en una clara intención de unir, y no de
separar.  Conquistas de la misma
naturaleza, ha habido muchas, y con frecuencia, acompañadas de crueldades, depredaciones
y atrocidades de diversa magnitud, pero hay que tener en cuenta el desenlace
final de las mismas, para poder clasificarlas en una u otra forma. Nuestra
finalidad aquí, ha sido intentar demostrarlo, aún sabedores de que nada pueda
hacer ni cambiar de razón, ni de sentimiento, ni tal siquiera de interés en el
intento, ya que la labor en contra lleva ya muchos siglos por delante en la
batalla, y la esencia común tanto del español, como del hermano hispano, es de
autoflajelarse o autoinculparse ante la adversidad, muy por lo contrario que la
cultura del anglo-sajón, tendente a decir por todo lo alto que ellos, lo
habrían hecho mejor. Ahí están las pruebas para demostrarlo, y esperemos haber
acertado, ya que la causa, así lo merece.

Aingeru Daóiz Velarde.-








BIBLIOGRAFÍA

La Leyenda Negra, Ricardo García Cárcel.

Contra la Leyenda Negra, Roberto
Fernández Retamar.

Francisco Guerra Pérez-Carral.
'La verdadera causa del descenso demográfico de los indígenas americanos
después de 1492'

La Leyenda Negra.  Miguel Molina
Martínez.

Árbol de odio. Philip W.
Powell.

Historia de la Leyenda Negra Hispanoamericana.
Rómulo D. Carbia.

El ciclo hispánico.
Salvador de Madariaga.

El laberinto de la soledad.
Octavio Paz.

En busca del Nuevo Mundo.
Arturo Uslar Pietri.






















































































































































15 comentarios:




  1. Magnífico artículo, felicidades.
    Le he puesto un enlace en la página de Facebook de mi blog:
    www.historiadelnuevomundo.com
    Un abrazo
    Responder
  2. Un
    espléndido trabajo, con grandes argumentos y magníficamente
    documentado. Así es, nuestras intenciones en las colonias eran buenas.
    Primó el entendilmiento y bienestar y jamás se pretendió aniquilar al
    pueblo indígena.
    Responder
    Respuestas
    1. Gracias
      por tus palabras, Mere, lo cierto es que se ha escrito mucho, y nos
      hemos defendido poco, y lo cierto es que los argumentos en nuestra
      contra son escasos y de poco fundamento, por lo que es necesario
      documentar las cosas con mediana solidez. Un saludo cordial.
  3. Me
    gusta, yo pienso que USA, Canadá y Australia son realmente países
    europeos transplantados a América o Australia, no es algo nuevo como
    Méjico ( por ejemplo), sus sociedades ya estaban completamente
    desarrolladas como europeas ( lo que les llevó cientos o miles de años)
    cuando empezaron su andadura en otros Continentes. Los países de la
    América española son sociedades nuevas, mezcla de españoles y
    americanos, necesitan más tiempo para asentarse, es lo que pienso yo,
    que al fin y al cabo no soy nadie, saludos.
    Responder
  4. Excelente información, muy completa, toda clase de referencias...etc
    La he publicado en Taringa :
    http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/18513896/La-leyenda-negra-el-mito-de-la-sin-razon-JD.html
    Conservando Fuente este blog
    Responder
    Respuestas
    1. Muchas gracias Jesús, un abrazo fuerte.
    2. Estoy
      de acuerdo con todo lo que en este artículo ha sido redactado, pero si
      España pierde las tierras de América no fue por los crímemes que sin
      duda alguna se cometieron, sino porque cada uno de estos territorios
      fueron creando un sentimiento de identidad que desembocó en el de
      nacionalidad, y estas ideas liberales de independencia, no nacen en las
      colonias sino en la metropolis, en Europa y fueron los hijos y nietos no
      del pueblo sino de las más ilustres familias españolas los grandes
      iniciadores, "España sembró cabildos y cosechó naciones" bien cierto,
      pero tan bien instituyó virreyes y capitanes generales. Pienso que el
      movimiento de liberación americano no fue un fenómeno exclusivo de
      España y sus colonias, sí es cierto que España fue entre todas las
      madres, la más abnegada, pero así como cualquiera hubiese colonizado
      estas tierras, también es innegable que el proceso de liberación era
      indetenible y el caso de Cuba, como última colonia española en América,
      es evidencia de ello, ya que el proceso independentista cubano no tuvo
      apoyo considerable de las hermanas naciones ya libres, sin embargo se
      repitió, y alli la metropolis y sus capitanes fueron más encarnizados. Y
      hay otra cuestión que tal vez perdí de vista y es la de la esclavitud
      no ya del indio sino del negro, y que fue centro de las demandas de los
      abolicionistas y de los independentistas.
    3. España
      nunca tuvo colonias, esparció su soberanía sobre los territorios
      indianos incorporándolos a su cuerpo político y jurídico. Bajo esta
      premisa su discurso liberal no tiene sentido.
    4. Por
      colonias me refería solo a la acepción de territorios, sin ánimo de
      definir su status político. Sí existe en la enseñanza escolar de los
      paises americanos la inclinación a ver a España como antiguo imperio que
      cometió holocausto contra una raza, en primer término la indígena, y en
      segundo la africana. Recuerdo en mis años en la Universidad de la
      Habana Que me pedían en un examen de Redacción y Estilo, una composición
      sobre "la colonizacion española y su encuentro con otra cultura" y
      confieso que me gané un cinco, diciendo que Taíno quería decir en lengua
      arawaka " yo soy bueno" y el resto lo podrá imaginar Ud.
    5. Esparcir su soberanía sobre los territorios indígenas se llama colonización.
    6. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
    7. Este comentario ha sido eliminado por el autor.
    8. La misma colonización que hicieron los incas, los mayas, los aztecas o los méxicas, desde luego que no fue.
  5. Un
    artículo extraordinario. Me ha sido muy útil para mis apuntes de la
    universidad. Muchas gracias por tus aportes a la verdad, compañero
    Aingeru.
    Responder
    Respuestas
    1. Muchas gracias a ti, amigo, y me alegro mucho de que te sirva. Espero que le sirva a mucha más gente.



















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