viernes, 29 de mayo de 2015






DOMINGO 24 DEL CICLO B
DEL TIEMPO ORDINARIO
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EL SIERVO PACIENTE ES CRISTO,
LA PALABRA HECHA HOMBRE

1. "El Señor me ha abierto el oído" Isaías 50,5. Isaías
describe al Siervo de Yahvé como hombre de la palabra, con la misión de
consolar a su pueblo. Para poder cumplirla debe vivir a la escucha, porque no
dispone como quiere de las luces vivificantes de la palabra. Con la palabra que
recibe el Israel teológico,
 pueden cumplir su misión profética de consolar, confortar al Israel
histórico, hoy nosotros, abatidos, cansados, inermes, descorazonados y fatigados
en el camino de la cruz. Por eso cada mañana necesitamos recibir la
inspiración, la palabra del Señor, como los árboles el agua, las flores el
rocío, nuestros cuerpos el alimento, los edificios los cimientos firmes, el sol
los sembrados que crecen. Si no está a la escucha: ¿cómo dirá? ¿
qué dirá? Naturalmente que el Señor puede dirigir la palabra en medio
de las circunstancias más diversas, pero es lógico que lo haga mejor en el

recogimiento de la
audiencia y escucha, donde modela enteramente al Siervo: le abre el oído para
que oiga la palabra. En una nota del Diario, Santa Faustina Kowalska,
afirma que "una palabra de un alma unida a Dios procura más bien a las
almas, que elocuentes debates y sermones de un alma imperfecta". La fuerza
y la energía de la palabra no se resiste ante las dificultades y soporta
pacientemente y con valentía: "yo no me he rebelado, ni me he echado
atrás". Con la palabra puede aceptar el sufrimiento por doloroso que sea.
El Señor le ayuda a sufrir. Y con su ayuda y con el consuelo de sus palabras,
el Siervo bíblico y el futuro, Cristo y la Iglesia, han tenido y tendrán
fuerzas para poder "ofrecer la espalda a los que me golpeaban, la mejilla
a los que mesaban mi barba", la máxima humillación en Israel, porque la barba
era símbolo de dignidad social. El Siervo de Yahvé, Jesús, todo discípulo suyo,
no aparta su rostro ante los insultos y la abyección de
los salivazos y como hombre de carácter manso y
fuerte, ofrece su rostro como pedernal, que por mucho que se le golpee no se defiende
y resiste. Sabe que completa la pasión de Cristo, que la profecía avanza (Col
1,24).
2. Con el
salmo, el Siervo de Yahvé llora su situación: "Me envolvían redes de
muerte, me alcanzaron los lazos del abismo, caí en tristeza y angustia".
Y, a continuación, alborozado, y aleluyático, proclama la liberación de la muerte:
"Arrancó mi alma de la muerte, mis ojos de las lágrimas, mis pies de la
caída" Salmo 114, anticipando la resurrección de Jesús, que él mismo va a
anunciar a sus discípulos, después de preguntarles:
3.
"¿Quién dicen los hombres que soy yo?" Marcos 8,27. La pregunta de
Jesús no indica ni ignorancia ni curiosidad. Es un recurso pedagógico,
introductoria de una instrucción trascendental a sus discípulos. Catequesis
necesaria: porque ellos, hijos de su tiempo, han respirado mesianismo y
nacionalismo, ambos terrenos; y porque es el núcleo del evangelio. Después que
los discípulos han aportado las distintas corrientes, distintas sensibilidades,
dirían hoy, Jesús les pregunta qué piensan ellos, cuál es su sensibilidad: ¿qué
pensáis vosotros de mí? Ellos pensaban bien de él, pero el concepto que tenían
era inexacto, incompleto porque estaban lejos de creerle Dios, y sólo Pedro,
iluminado por la Revelación del Padre, confiesa:
4.
"Tú eres el Mesías". La confesión de Pedro es trascendental. Tanto,
que en este momento comienza el Reino, porque el pequeño rebaño reconoce la
verdadera identidad del Maestro. Después de esta confesión de Pedro ya en el
terreno de la fe, Jesús anuncia el kerigma con toda claridad y crudeza:
"El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por
los senadores, sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutado y resucitar a los
tres días". Muerte y Resurrección. Hasta ahora, los Apóstoles han seguido
a Jesús por el atractivo de su Persona, por su amabilidad y simpatía, por sus
obras, por su bondad y sencillez y por la confianza y el amor que les
demuestra. Hoy comienza para ellos la etapa de la fe, la Iglesia. Y todo estaba
profetizado por Isaías, en el anuncio del Siervo de Yahvé.
5. Hoy,
como nunca, acecha el peligro de un cristianismo "humanista". Una
falta de integración del Evangelio con el Antiguo Testamento ha producido un
conocimiento de un Jesús abstracto, que ha dado pie a inventar su figura, por
lo que ha podido ser convertido en un personaje sociológico, humanista,
romántico y futurista; y a su Iglesia en una institución humana más. "Con
una lectura parcial del Concilio se ha hecho una presentación unilateral de la
Iglesia como una estructura meramente institucional, privada de su
misterio", constató el Sínodo de los Obispos a los 20 años del Concilio.
Tal afirmación nos da la clave del desmedulamiento a
que se ha llegado en la praxis y en la concepción del hecho cristiano. Como un
concepto erróneo nos introduciría en el error; y un concepto inexacto dejaría
nuestras vidas flotando a la deriva en el vacío de dudas e incertidumbres, esta
homilía intenta dar vigor nuevo racional a la verdad, desarbolando a un tiempo
estas concepciones erróneas, de escaso calado teológico y bíblico, fruto de la
poca instrucción.
6. Si a
grandes males hay que oponer grandes remedios, la pregunta es si se pone
remedio a tanto mal grave. O si al menos, se sabe ver dónde está el remedio. Si
se acierta en su diagnóstico. Una predicación con poca solidez doctrinal y sin
robustez de fe, que no provoque la conversión del corazón y no construya al
hombre interior, y una acción apostólica dañada por el activismo, no serán
suficientes. No se puede curar un cáncer con aspirinas.
7. Los
brotes de un cierto neoromanticismo, muy pernicioso; la afirmación del yo, el
exclusivismo en el apostolado, la independencia, la proclamación a ultranza de
los derechos del hombre, muchas veces contra los de Dios y en pugna con la
legislación positiva; la vanidad, la presunción, la difícil aceptación de la
argumentación de la verdad y búsqueda de sí mismo y la ostentación de la propia
personalidad y la jactancia, pueden hacer estéril la nueva evangelización.
8.
Siempre existe el peligro de deformar al Jesús auténtico, ya por la racha de
opiniones favorables a Jesús en libros, canciones, gurus,
nuevas sectas, ya por el movimiento de la NewAge, o el esoterismo. La innovación y la predicación de
un Jesús de Nazaret fácil, producto del sentimiento y de
la imaginación, que todo lo tolera y permite; guerrillero unas veces, humanista
y permisivo, otras; que ni es el Jesús del Evangelio, ni revela genuinamente al
Padre, no será el remedio decisivo. Un Jesús falsificado, el Jesús de la Pascua
y no el de la cruz; una separación entre la Pascua y la
Cruz, como si la primera fuera la fiesta, y el llanto la segunda, disociables,
y no unidas, con ignorancia intolerable y culpable, no trae la Buena Noticia.
¿No dijo Nietzsche:
"Si Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, le ha salido bien, porque
el hombre ha creado un Dios hecho a su imagen y semejanza también"? Los
emperadores se proclamaron dioses hasta nuestros días. Fue necesario que el
Japón sufriera la derrota en la segunda guerra mundial para que el emperador Hiro Hito, confesara ante sus súbditos que
él no era dios. Pero los hombres siguen idolatrando el dólar y el
"pobre" euro, el sexo procaz y el
poder, como camino de ambos, haciendo realidad el pronóstico del funesto
filósofo.
9. Todo
cristiano ha de participar en la pasión y Muerte de Cristo, para tener parte
también en la Resurrección. Porque esto nos resulta duro, no lo queremos, como
Pedro, "que se puso a increparlo" y a disuadirlo.

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10. La
pregunta sobre el Mesías, es también hoy pregunta fundamental. De la respuesta
depende todo: la fe y la praxis coherente, la esperanza y la lucha. Los
primeros cristianos de Palestina, los de Roma torturados por Nerón, los
caballeros de las Cruzadas, los teólogos de la liberación, pueden discrepar en
puntos sustanciales. Y a nadie se le ha concedido patente de corso para crear un Jesús nuevo. El afán
debe concentrarse en conocer auténticamente al Mesías de Dios enviado a este
mundo. Sólo por el conocimiento del Jesús histórico, sin olvidar el misterio,
se puede entrar en la comprensión de su mensaje de salvación. Jesús no es
sólo grande sino
que es incomparable y único por ser el Mesías de Dios, con una misión que
cumplir por el camino de la cruz. La contestación al Documento "Dominus Jesus" reciente, garantiza la realidad de estas
afirmaciones. El anuncio de la Pasión pertenece a la esencia del mensaje. Pedro
no lo entiende y opone resistencia. Y Jesús responde con la palabra más dura de
todo el evangelio. ¡Quítate de mi vista, Satanás! La voz de Pedro es la voz de
la razón que no comprende; la de Jesús expresa la sabiduría divina de la cruz.
11. la
cruz es el punto de convergencia y la síntesis más perfecta de la Redención, a
condición de ser bien entendida. Para san Juan, el momento de la cruz es el
glorioso momento de la exaltación; sólo por su muerte vence Jesús a la muerte,
sólo a través de ella se llega a la vida (Jn 12,32). Pero la cruz provoca
reacciones de rechazo. Por eso ninguna campaña electoral, ni ninguna propaganda
de la sociedad de consumo utilizan la cruz como logotipo. Ante las mismas
cruces inevitables de la vida se alza la rebeldía y la blasfemia. Freud,
protestaba en sus dolores de muerte: «Yo soy ateo y no culpo a nadie; pero mi
protesta queda como protesta aunque no encuentre contra quién». El suicidio, la
eutanasia, la droga, el nirvana como evasión, son escapatorias ante la realidad
de la cruz.
12. Jesús
es tajante y firme: Yo tengo que padecer y el que quiera ser discípulo mío ha de
entrar por mi camino. Ser discípulo de Jesús es cerrar los oídos a las voces
humanas de protesta y aprender la sabiduría divina de la cruz (1 Cor 1, 23), que no consiste en dos palos
cruzados y vacíos, sino en el esfuerzo por cumplir la voluntad de Dios por
amor, abrazados a Cristo crucificado.
13. No se
trata de comparar a Jesús con los grandes de la historia sino de convencerse de
que es incomparable y único, y de comprender de quién nos fiamos. Y el que
confiesa con Pedro «Tú eres el Hijo de Dios», ha sido objeto de una especial
iluminación del Padre. El vacío de Dios y el proceso de secularización
occidental no significa desinterés por lo religioso. Religiosidad y modernidad
no parecen excluirse. "Se puede ser cristiano y moderno", les dijo en
Colonia a los jóvenes Benedicto XVI. Los nuevos movimientos se apoyan en Jesús,
al que reclaman como algo suyo. Pero cuando sólo se ve en él la grandeza
humana, puede producir entusiasmos temporales para extinguirse luego como un
fuego artificial. Si Jesús no es Hijo de Dios no puede salvar a nadie
definitivamente. "No ha sido dado a los hombres otro nombre que pueda
salvarlos" (Hch 4,12).
14.
"Pensamos como los hombres, no como Dios". Y tentamos a Dios como Pedro,
pidiendo el éxito sin la cruz. En el hombre espontáneamente brota el deseo de
afirmación por el poder, dinero, inteligencia, poder. Pero Jesús dice: "El
que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y
me siga". El "niéguese" significa: "No me conozco", no
me preocupo de mí mismo. Es la expresión de Pablo en su despedida de Efeso:
"La vida no tiene importancia para mí" (Hch 20,24). Si no hemos comprendido el
misterio de la cruz, podemos pasamos la vida huyendo de lo duro, de lo
sacrificado, que es lo que vale, lo fecundo, lo que fructifica.
15.
"Cargar con su cruz" es aceptar con paciencia el camino del Siervo de
Llave, que deja que le llenen la cara de salivazos y que le insulten. Su fuerza
está en el Señor, de quien recibe cada mañana la inspiración de su palabra, que
le permite, no sólo soportar pacientemente, sino sostener al cansado, al
escéptico, al abrumado y al desilusionado. "Es necesario dejar detrás de
sí el pasado, y aceptar una «metánoia»
en el sentido profundo del término: un cambio de mente y de vida. El camino que
propone Cristo es estrecho, exige sacrificio y entrega total de uno mismo. Es
un camino que conoce las espinas de las pruebas y las persecuciones: «Si a mí
me han perseguido, también os perseguirán a vosotros» (Jn 15,20). Es un camino que hace
misioneros y testigos de la palabra de Cristo, pero que exige que los apóstoles
no tomen «nada para el camino, más que un bastón: ni pan, ni alforja, ni
calderilla» (Mc 6,8).
16. El
seguimiento no es un viaje agradable en un camino llano. En un momento de
desaliento, Jesús preguntó: « ¿También vosotros queréis marcharas?» (Jn 6,67). El
riesgo de la traición permanece al acecho para Pedro que, sin embargo, al final
seguirá a su Maestro y Señor con el amor más generoso. De hecho, en las orillas
del lago de Tiberiades,
Pedro hará su profesión de amor: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te
quiero». Y Jesús le anunciará «la muerte con que iba a glorificar a Dios»,
añadiendo dos veces: « ¡Sígueme!» (Jn 21,17). El seguimiento se expresa de
manera especial en el discípulo amado, que entra en la intimidad con Cristo,
recibe el don de la Madre y lo reconoce en la resurrección (Jn 13,23).
17. La meta
última del seguimiento es la gloria. El camino es el de la «imitación de
Cristo», muerto por amor en la cruz. El discípulo, «debe entrar en Él con todo
su ser. Debe "apropiarse" y asimilar toda
la realidad de la Encarnación y de la Redención para encontrarse a sí mismo»
(<Redemptor hominis». n.10). Cristo debe entrar en su yo para liberarle
de su egoísmo y del orgullo, como dice san Ambrosio: «Que pueda entrar en tu
alma, Cristo, que tenga mi morada en tus pensamientos Jesús, para cerrar todo
espacio al pecado en la sagrada tienda de la virtud».
18. La cruz, signo de amor y de entrega
total es el emblema del discípulo llamado a configurarse con el Cristo
glorioso. Un Padre de la Iglesia de Oriente, poeta inspirado, Romano el Meloda,
interpela así al discípulo: «Tú posees la cruz como bastón, apoya en ella tu
juventud. Llévala en tu oración, llévala a la
mesa común, llévala en tu lecho y por doquier como tu
título de gloria. Dile a tu esposo que se acaba de unir contigo: me echo a tus
pies. Dona, en tu gran misericordia, la paz él tu universo, tu ayuda a tus Iglesias,
la atención a los pastores, la concordia al grey para que
siempre cantemos nuestra resurrección»" (Himno S2 «A los nuevos
bautizados», estrofas 19 y 22) (Juan Pablo II).
19. La
cruz de Jesús se la preparó su Padre, contando con la mezquindad de los
hombres. Su obediencia consistió en seguir estando con los hombres, con todas
las consecuencias de haberse sumergido en un mundo de pecado, de envidia, odio,
revanchismo, intereses creados, intrigas políticas, celos, represalias,
rencores, difamación, juicios falsos, traiciones, afán de dinero, chantajes,
soberbia, ansia de poder, deseo de que nadie nos haga sombra, de ser los más
queridos, los más buscados, los preferidos, los que siempre triunfan, los que
ascienden más pronto y más alto. Si Jesús viviera hoy no moriría en la cruz,
sino confinado en una cárcel o asesinado en la plaza de San Pedro, o
de un infarto causado por una difamación horrible, o de un ostracismo provocado
por el poder.
20. Lo difícil
no es que acepten a Jesús los agentes de cambio y bolsa, sino los técnicos de
la ley. Si hubiera estado en manos del Sumo Sacerdote poder hacer callar a
Jesús, ya no hubiera sido necesaria la muerte, porque Jesús no hubiera actuado
ni hablado. Con sólo jubilarle, todo arreglado. La voz de San Juan de la Cruz
en la Consulta de Doria, era molesta, se le deja sin voz y ya no puede molestar. La historia de la Iglesia está poblada de santos,
pero también de simoniacos; de mártires, pero también de verdugos; de almas
limpias, pero también de difamadores. A Jesús le llamaron loco; no ha habido
santo que no haya sido así calificado.
A San Juan de Ribera, Arzobispo de Valencia, se le llamó "bort" (Borde, hijo natural de su padre Perafán de Ribera y madre desconocida) hasta
en los pasquines de la época…La vida que se gana es la que se sacrifica por el
bien de los demás. La que se pierde es la que el hombre egoísta y cerrado,
quiere guardar para sí. Cristo, que sacrifica su vida, la salva resucitando.
21. ¡Qué
bueno sería que en la Iglesia encontráramos muchos Siervos de Yahvé, pacientes
y llenos de sabiduría, que se entregaran plenamente y que equilibraran la
malevolencia de los maldicientes Corazones buenos y
santos, como el Siervo, que injertaran la cruz en el árbol viejo del pecado, y
la ayudaran a llevar, como cireneos redentores, caminando en presencia del
Señor; así es como "nuestras obras darían testimonio de nuestra fe"
Santiago 2,14. Para eso nos da Jesús a comer su cuerpo y a
beber su sangre en este sacrificio al que nos ha convocado, para que la vida
recibida haga operante nuestra caridad (Gal 5,6).

JESUS MARTI BALLESTER
jmartib@planalfa.es

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